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Tema: Las niñas de mamá capítulos 3 y 4

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    Virgen Teffy96 va por un camino distinguido
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    Predeterminado Las niñas de mamá capítulos 3 y 4



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    Hola! gracias por las respuestas en el anterior tema. Aquí les dejo la continuación de esta historia, y les recuerdo que si la ven en otra página, sigo siendo yo xD, un saludo

    partes anteriores. Las niñas de mamá capitulo 1 y 2

    La resaca de Kim







    Despertar al siguiente día no fue muy agradable. Con el lento pasar de los minutos, me quedé en la cama intentando todavía digerir que mi mente estaba tan traumatizada con lo de Lorena y su hija que incluso tuve pesadillas. Una parte de mí (que cada vez se estaba haciendo menor) deseaba ir a la policía y contarles todo, delatar a mi mejor amiga y asegurarle una vida de mierda en la prisión. Tenía el móvil a mi lado, así que ¿qué me impedía hacerlo? No supe la respuesta.
    Dejé que todos esos pensamientos formaran parte del pasado, y pensé que si Lorena quería tener jugueteos con su hija, entonces yo no iba a interponerme. Todo estaría bien siempre y cuando no le pusiera una mano encima a Laura.
    Bajé a desayunar. Laura ya estaba despierta y miraba televisión en la sala. Iba vestida con la misma bata corta de seda que le había confeccionado, y al sentarme en el sillón y verla detenidamente, pensé en que las palabras de Kim eran ciertas al decir que Laura se veía… ¿sexy?
    La bata tenía encaje en la zona del pecho, por lo que le cubría sus apenas desarrollados pechos, pero de allá para abajo estaba hecha de seda traslúcida, que dejaba ver la piel de su abdomen, sus pantys y sus piernas, bastante torneadas para su edad.
    Qué diablos, dije, estaba en mi casa y había calor. No iba a tirar una prenda tan bonita sólo porque mostraba un poco más de piel para una niña de doce años.
    A los pocos minutos Kim bajó de su recámara. Acababa de darse una ducha y tenía el cabello totalmente mojado, de tal manera que goteaba en el piso.
    ¡Kim! Tú limpiarás ese desastre.
    Es sólo agua, mamá. Deja de quejarte. Me duele la cabeza.
    De todos modos hoy es día de limpieza. Vamos a dejar esta casa reluciente.
    Sí, sí. Ponlo en la lista de pendientes.
    Detestaba cuando me hablaba de esa forma. Miré a mi pequeña Laura y oré para que su adolescencia no fuera tan caótica como la de su hermana. Consideré en meterla a un colegio católico para tratar de que le inculcaran los modales, pero luego recordé que apenas teníamos dinero para darnos una vida digna, y una escuela de monjas no era especialmente necesaria. Tenía que ser yo quien le diera a estas niñas una educación decente.
    Bueno, ya que desayunamos ¿qué les parece si comenzamos con la limpieza?
    Ninguna de mis hijas mostró la mejor cara de entusiasmo.



    Kim sólo limpió su habitación, si con sólo arreglar su cama puede definirse como limpiar. Laura fue más responsable, y ordenó sus libros de dibujo, sus muñecas de colección y su colección de DVD's de películas de Disney a las que era casi adicta. Y mientras yo me encargaba de mi alcoba, descubrí que aun tenía bastantes cosas de mi ex marido que todavía no tiraba.
    Allí estaba la foto de nuestra luna de miel, los zapatos que me compró a los dos meses de casados, unas cuantas camisas suyas que se olvidó de empacar cuando se marchó, sus botas para pescar… eran demasiados recuerdos que no quería tener cerca de mí, así que decidida a cambiar de hoja, las metí en una caja y las subí al ático.
    Tal vez necesitamos un nuevo padre —dijo Kim cuando vio que bajaba.
    ¿Papá? Olvídalo. Ningún hombre volverá a pisar esta casa.
    Bueno… siempre existe el lesbianismo.
    Kim, cállate y ve a limpiar la cocina.
    Es en serio — Kim me sujetó del hombro y me miró con sus abisales ojos —. Escuché a Laura orando para que tuviéramos papá.
    ¿De verdad?
    Sí. Así que tal vez… puedas considerar salir a buscar algo bueno y decente. De preferencia con dinero.
    Y tú deberías considerar tu puesto en esta casa. Anda, ve a limpiar.



    El día de limpieza no fue de lo mejor porque las palabras de Kim me habían dejado algo impresionada. La idea de buscarle un padre a Laura rebasaba mis expectativas, pero una parte de mí decía que tal vez sí debería de prestarle más atención.
    Después de ducharme me miré al espejo. No estaba tan mal. Yo continuaba teniendo ese rostro casi infantil que me había valido el primer lugar en un concurso de modelaje en la universidad, y por el resto de mí cuerpo, tampoco estaba tan mal. Claro que no podía comparar mis pechos con las ubres que tenía Kim, ni la tersura de mi piel con la de Laura…
    El resto de la tarde me la pasé entre irónica y triste, pensando en que sí necesitaba a un hombre que me ayudara con las niñas. Sin embargo no estaba dispuesta a salir de pesca, como decía Lorena. Por otro lado sí que me hacía falta el cariño de un hombre. Un hombre alto, varonil, atractivo e inteligente. Estaba harta de, como Holy, estarme metiendo juguetes por todos lados.
    Sabiendo que no sacaba nada con preocuparme, me puse a ver la televisión con Laura. Eran casi las ocho de la noche y ya nos habíamos terminado el maratón de Shrek que daban por la t.v cuando Kim bajó de su habitación.
    Nos vemos después.
    ¿A dónde vas? —le pregunté, pero antes de contestarme, ya se había ido. Laura se asomó por la ventana y vio que una chica en moto se llevaba a Kim.
    Tenía minifalda, mami.
    Lo sé.
    Laura sabe que cuando su hermana viste minifalda, es porque irá a una “fiesta de niños grandes”, lo cual no me deja totalmente contenta.
    Desde ese momento mi mente cayó en picada debido a la preocupación. Cuando no había ni transcurrido dos horas, le llamé a Kim y no hubo respuesta inmediata. Sólo un mensaje de texto que decía “estoy bien”.
    Dio media noche y ni su sombra. Laura estaba preocupada que se había quedado despierta jugando en la consola. Yo daba vueltas por la cocina, simulando lavar trastes que ya estaban limpios. Llamé a Kim otras tres veces pero no hubo respuesta.
    De repente recibí una llamada de Alena, una amiga de Kim. Me pedía que fuera por mi hija a la fiesta, porque estaba demasiado ebria como para saber siquiera su nombre.
    Más enojada que preocupada, Laura y yo subimos a mi coche y condujimos hasta la fiesta. Cuando llegamos, Laura se entusiasmó y dijo que quería entrar a la casa de la fiesta. Vio los rollos de papel higiénico colgando de los árboles, las motos brillantes estacionadas en línea, el bum bum de la música y a todas esas chicas vestidas de manera provocativa.
    ¡Mamá!
    Cuando seas mayor y te portes bien, tal vez te deje venir de vez en cuando —le prometí, esperando que se le fuera a olvidar.
    Bajé y busqué a Kim entre la fiesta. Mientras andaba entre toda esa bola de hormona adolescente, una mano me tocó el trasero. No fue una simple tocada, fue un apretón de culo tan bien hecho que no me tomé la molestia de mirar quién lo había hecho. No me asustaba el ambiente de la fiesta, puesto que en mi adolescencia fui a lugares mucho más… sombríos que este. Al menos nadie estaba ofreciendo un espectáculo sexual en la sala, como yo había hecho en plena faena cuando tenía diecisiete años.
    Vi a Kim junto a Alena. Su amiga la cuidaba. Estaban en el sofá.
    ¡Señora!
    Gracias por llamarme. Vamos, Kim, levántate.
    Tuvimos que ayudar a la chica a levantarse, porque estaba tan hecha mierda que apenas podía mantenerse en pie. No estaba drogada, o al menos eso esperaba. Y mientras la ayudaba a llegar al coche, pensaba en toda la clase de cosas que le diría por la mañana. Estaba harta. Se acabaron las salidas para Kim.
    Laura se alarmó cuando vio a su hermana en ese estado. Yo también, pero traté de mantenerme serena mientras conducía con Kim en el asiento trasero.
    Llegamos a casa. Vomitó en el jardín. Laura sugirió que llamáramos al doctor y yo le dije que no era necesario, porque lo que su hermana tenía era la peor borrachera que jamás había sufrido.
    Mamá…
    Shh. No hables. Vamos, una ducha te ayudará. Laura, corre al baño y prepara la tina con agua templada.
    ¿Mamá?
    ¿Sí? —le pregunté mientras la apoyaba en mí para que pudiéramos subir las escaleras hasta el baño.
    Nunca más volveré a beber.
    Sí, cariño. Y mañana iremos de vacaciones a África. ¿Laura? Está lista la tina.
    ¡Sí!
    Vamos, Kim. ¡Muévete! ¿Qué clase de fiesta es esa? Estás tan ebria que ni siquiera bailaste.
    Metí a Kim al baño y apenas olió el aroma a jabón, su estómago la atormentó y vomitó en la taza. Laura tenía lagrimitas en los ojos y pensaba que su hermana se iba a morir. Era lógico que lo creyera, pues nunca la había visto borracha.
    Date un baño, Kim.
    ¿Mmm?
    Pasó un rato hasta que me di cuenta de que Kim no podía desvestirse, así que, por primera vez en años, me tocaba desnudar a mi hija. Primero le levanté la blusa, cosa que fue difícil por sus brazos que parecían hule por la poca fuerza que tenían. Sentí que me ruborizaba cuando desabroché su sostén y sus pechos grandes para su edad quedaron fuera de esa contención.
    ¡Wow! —exclamó Laura cuando vio los senos de su hermana.
    ¿Ves? Por eso tienes que comer bien, Laura —le sonreí.
    También le quité la falda, los zapatos y finalmente… la pequeña tanga de encaje que llevaba. Laura observó que la vagina de Kim estaba totalmente depilada, como la de un bebé. Aquello sólo se conseguía con láser. ¿En dónde…?
    La metí a la tina y le roseé el cabello con agua tibia. Le pedí a Laura que fuera a buscarle ropa cómoda a su hermana.
    Kim, estás hecha un desastre. Casi me decepcionas.
    Mamá… me duele.
    ¿Qué? ¿Qué te duele?
    Kim sonrió, si es que a eso se le podía llamar sonrisa.
    El culo.
    ¿Por qué?
    ¡Já! Hice… sexo… an…
    ¡Okey! No quiero escucharlo —dije, totalmente ruborizada y la imagen de una verga penetrando por detrás a Kim me asaltó de repente.
    Dolió.
    Al menos lo disfrutaste.
    ¡Ja! Al menos. No lo volveré a intentar.
    Eso dices ahora. Luego te volverás adicta al sexo anal.
    ¿Qué?
    Nada, nada — dije rápidamente ¿de qué demonios hablaba? Estaba recordando mis alocadas épocas cuando sólo podía conseguir placer por la penetración trasera.
    Le lavé el cabello a Kim. Le quité los restos de vómito de la comisura de la boca y me encargué de borrarle el olor a cerveza. Vi que tenía algunos rasguños inofensivos en sus piernas y algunos chupetones en su espalda.
    Vaya. No sé si sentirme molesta u orgullosa de tu temeridad. Fiesta, sexo y alcohol… no cualquiera.
    No volverá a tomar.
    Sí, claro.
    Dejé que Kim se relajara dentro de la tina. Abracé a Laura y nos quedamos sentadas en la tapa de la taza, vigilando que no se ahogara. Mi hija se durmió en el agua y cuando se despertó, se veía más lúcida.



    Espero tu regaño mañana —Le lancé una mirada abrasiva a Kim mientras se metía a la cama.
    Me había asustado que Kim practicara esa clase de sexo, pero al menos me había jurado por todos los dioses conocidos que su pareja había usado condón. Sin embargo eso no me dejó totalmente tranquila.



    A la mañana siguiente Laura y yo desayunábamos cuando Kim bajó, como siempre, casi durmiendo.
    ¿Cómo te sientes, alcohólica?
    Me duele el trasero… ¡Ay! Nadie me dijo que no podría sentarme.
    Me carcajeé.
    ¿Te caíste? —preguntó Laura.
    No. Me hicieron sexo anal.
    ¡Kim! ¡No hables de eso frente a Laura!
    Algún día te encantará, Laura —dijo Kim con un guiño en su precioso ojo.
    Laura, ve a desayunar frente al televisor.
    Bien. Es hora de mi regaño. Soy toda oídos, madre.
    No te voy a regañar —eché más cereal a la leche.
    ¿Qué? Tú no eres mi madre.
    Lo soy, pero ¿si te regaño me harás caso?
    Sabes que te mandaré al diablo.
    Sólo hay algo que quiero acordar —la miré a los ojos —: Kim, anoche estaba casi muerta de preocupación. No estoy en contra de que vayas a fiestas, pero al menos trata de controlarte. Anoche estabas tan ebria que ni siquiera podías entrar a la tina.
    ¿Terminaste?
    No. ¿Por qué fuiste? Si quieres beber… bueno, aun no eres totalmente mayor de edad… pero si quieres beber, puedo comprar unas cervezas y… ¿qué se yo? Charlar por las noches. No como madre e hija.
    ¿Harías eso?
    Al menos es mejor que verte agonizar.
    Mmm… lo siento —noté que ese “lo siento” no era como los de siempre. Era una disculpa de verdad —. Es sólo que… un muchacho que me gusta fue y…
    Ah, el chico que entró por la puerta trasera ¿verdad?
    ¡Mamá! — rió Kim y me dio un golpecito en el hombro —. Pero sí, es él. De hecho saldremos a cenar.
    ¿Sólo a cenar? —pregunté con un guiñó. Me gustó que Kim se sonrojara.
    A cenar. No intentaré meterme nada por ese lugar. Duele.
    Con el tiempo ya no dolerá.
    Kim me miró con una pícara sonrisa.
    ¿Tú?
    Todo el tiempo.
    ¡Ja! ¿de verdad? No lo sabía. Eras peor que yo.
    Kim. Si ese chico te gusta, invítalo a cenar aquí. Prepararé tu comida favorita. Quiero conocerlo.
    ¿De verdad? Nunca te habías interesado por cosas así. Siempre que te mencionaba algo de hombres tú me decías que no hablara sobre eso.
    Pues he cambiado de opinión. Si alguien le va a romper el culo a mi hija, al menos quiero conocerlo. Saber si es digno de entrar por tu puerta trasera.
    Kim se carcajeó.
    Mamá… de acuerdo. Lo llamaré de inmediato y lo invitaré. Gracias, mamá. Eres la mejor —Kim me dio un beso en la mejilla, y yo sonreí pensando en que hablar con ella sobre los temas que le interesaban, por más fuera de lugar que pudieran ser, me unía más a ella. ¿Cuántas madres hacían eso? Lorena estaba en lo cierto: acercarme a mis hijas era lo que necesitaba para poder estar en contacto con sus sentimientos.
    No podía tratar de corregir a Kim por la fuerza, ni gritarle, porque eso generaría que se alejara de mí. Lo mejor que podía hacer para tratar de enderezar su camino era meterme en su mundo y actuar desde allí.
    Así pues, decidí que a partir de ese momento usaría a la Karen adolescente que vivía en mí. Después de todo, estaba tratando con mi hija, y aunque ella no lo supiera, yo tenía mucha más experiencia que ella en temas relacionados con fiestas, drogas, sexo… no era algo de lo que estar orgullosa; no obstante todas esas vivencias me servirían al fin.
    Kim terminó su desayuno y habló con el chico que le gustaba. Vi que sus ojitos se encendían de alegría. Deseé que el sentimiento del muchacho fuera mutuo con el de ella. Si sólo se había aprovechado de Kim para ensartarla, entonces sí iba a molestarme.
    Noche calurosa







    Haberme acercado a Kim usando los temas que a ella le gustaban había sido la decisión más acertada. Durante toda la mañana, mi hija mayor se la pasó de buen humor, claro que sólo se quejaba de la molestia que tenía en el trasero después de que se lo hubieran perforado por aquel chico.
    Lo que me causaba gracia era que Laura continuaba preguntando qué era lo que le pasaba a su hermana, y aunque yo trataba de evitar el tema, Kim no lo hacía con tanta sutileza.
    Es cuando un niño mete su cosita por tu otro agujero —le dijo al fin. Yo miré a Kim con ojos hartos y ella sólo me guiñó un ojo.
    Aquella explicación pareció bastarle a Laura, que además de ruborizarse, rió.
    Suena doloroso.
    No lo es ¿verdad, mamá?
    ¡Kim!
    ¿Mamá lo hace?
    No es cierto —me apresuré a decir —. Laura ¿por qué no te vas a dar un baño? Nuestro invitado va a llegar.
    ¡El novio de Kim!
    ¡Sí! —exclamó Kim con un mal simulado entusiasmo que me hacía pensar si de verdad deseaba ver al muchacho.
    Laura se marchó a la ducha. Kim sonreía mientras miraba a su hermanita subir las escaleras.
    Las nalgas de Laura están en su punto ¿verdad?
    Le falta crecer.
    Pero ya tiene un buen culo. Esa niña se va a comer vergas a montones.
    Deja de pervertir a tu hermana —le dije, apenas apartando la vista de la revista de modas que estaba leyendo —aunque debo decir que heredó mi cuerpazo.
    Sí, claro —se burló Kim —. Bueno, mamá. Te diré las reglas.
    ¿Reglas?
    No quiero que te comportes como una madre sobreprotectora ¿de acuerdo? Axel es… un tanto rebelde.
    Déjame adivinar ¿es un motociclista?
    Bueno, no. Pero tiene una moto. No te preocupes, es buen chico. Tampoco es que me vaya a casar con él.
    Quería protestar. No me gustaba que mi propia hija me diera órdenes con respecto a cómo tratar a mis invitados; pero luego recordé que debía de tener mucho cuidado si no quería que el poco acercamiento de Kim conmigo se fuera.
    De acuerdo, de acuerdo. Actuaré en modo súper mamá.
    ¿Puede subir a mi cuarto? —me preguntó como si nada.
    No —contesté rotundamente. Kim hizo una mueca de molestia.
    Bueno, tampoco es que sea necesario hacerlo aquí. Hay otros lugares donde podré hacerlo — tras decir esto y mirarme con una cara de pocos amigos, Kim se levantó y se fue a su habitación.
    Suspiré, pensando que esto de ser un nuevo tipo de madre estaba poniéndose difícil. Kim tenía las hormonas muy alborotadas y ansiaba meterse a la cama con cualquier chico guapo que se le pasara por la mente. No la juzgaba, pero me molestaba que no se decidiera por ninguno.



    Cerca de las siete de la noche el invitado de Kim llegó.
    Axel era un muchacho de aspecto limpio, algo majo para lo que yo esperaba de un motociclista. Llevaba una chaqueta de mezclilla con los nombres de varias bandas de heavy metal, tenía la cabellera más o menos larga y de color paja. Su sonrisa cuando abrí la puerta fue lo primero que me llamó la atención, y el tono sexy de su voz hizo que me recorriera una corriente eléctrica por la espalda.
    ¿Es usted la madre de Kim?
    Eh… sí. Pasa. Disculpa ¿cuántos años tienes?
    Tengo dieciocho.
    No había tanto problema entonces. Me hubiera alarmado si fuera un motociclista de aspectos sucio cercano a los treinta y tantos años.
    ¡Kim! ¡Axel está aquí!
    Kim bajó casi de inmediato y se veía preciosa. Se había puesto unos mallones negros debajo de una falda blanca. Llevaba una blusa sin mangas que mostraba la línea de piel de su ombligo, y a notar por la forma en la que sus pechos se apretujaban, supe que llevaba una talla de sostén más pequeña de la usual.
    Mi hija corrió por las escaleras y abrazó a Axel. Él muchacho le besó. Sentí un pequeño escalofrío cuando vi por un momento breve la lengua de Kim tocando la boca de su ¿novio?.
    Bueno, Axel, ella es mi mamá, Karen. Mamá, él es Axel. ¡Laura, ven!
    Axel besó el dorso de mi mano. Sus ojos eran tan… hipnóticos.
    Laura bajó al segundo llamado de Kim.
    Laura, él es Axel. Axel, mi hermanita, Laura.
    Ah, la pequeña Laura. Tu hermana me cuenta de ti. Dice que eres un poco traviesa para tu edad.
    Laura sólo se rió de manera encantadora.



    Una vez que estuvimos todos en la mesa, no tardé en darme cuenta de que Axel se estaba acaparando nuestras miradas. Laura veía al muchacho con ojitos de sorpresa, como si contemplara alguna especie de príncipe salido de las películas. Yo veía sus bíceps, grandes y surcados de venas. Kim, por otro lado, parecía ajena a los encantos de su novio. No me extrañaba. Estaba segura de que ella ya había visto cada parte de él.
    Fue una buena comida, señora.
    Oh, gracias. Kim me ayudó.
    ¿En serio? No sabía que podías cocinar, Kim.
    Hay muchas cosas que todavía no sabes de mí.
    Me doy cuenta ¿podría usar su baño?
    Sí, claro. Está arriba, puerta de la derecha —dijo Kim.
    Cuando Axel subió y oímos el cierre de la puerta, las dos suspiramos.
    ¿Qué tal, madre?
    Es… lindo. Intenso.
    Tiene bonitos ojos —observó Laura.
    Sí. Es la clase de persona a la que no puedes negarle nada —comenté y Kim me lanzó una mirada recelosa.
    Mamá, ya vi como lo estabas comiendo con tus ojos.
    ¿Qué? No sé de qué hablas.
    A mamá le gusta el novio de Kim —canturreó Laurita, divertida por la revelación.
    No es cierto. Admito que es lindo, pero yo quisiera a alguien mayor.
    Uhm… podemos compartirlo, mamá.
    ¡Kim!
    Bueno, entonces con Laurita ¿qué dices, pequeña? ¿Te vienes a la cama con nosotros?
    ¡Kim!
    ¡Ja! Sólo bromeaba, mamá.
    No tengo sueño todavía —dijo Laura con total ingenuidad. Kim me guiñó un ojo y yo me reí. La inocencia de una niña de doce años no tenía precio.



    Más tarde, después de que Axel nos ayudara a lavar los platos de la cena, Kim subió a su alcoba para alistarse. Le pregunté a donde demonios pensaba ir tan entrada la noche, pero no tuve que indagar mucho.
    Pues ya que no nos dejas estar aquí, tendremos que ir a otro lado a hacer cosas de gente grande.
    ¿Irás a…?
    Kim se amarraba el cabello en una coleta y me miró por el reflejo de su espejo.
    Sí. ¿Algún problema?
    Razoné rápidamente. Si la detenía ahora, no iba a hablarme durante el resto de mi vida. Causaría una mala impresión en Axel.
    Está bien — suspiré y tomé a Kim de los hombros —. Hazlo en tu habitación.
    ¿Qué?
    Que te doy permiso —Kim no parecía creerme.
    ¿Mamá? ¿Estás bien? Últimamente estás un poco… ¿permisiva? ¿bromista?
    No. Sólo que no quiero que salgas tan tarde con un muchacho al que apenas yo conozco. Háganlo en tu habitación, pero pon música. No quiero oír tus gemidos.
    ¡Mamá! —logré que Kim se sonrojara, y por alguna razón, eso me gustaba. Era como darle de probar de su propio chocolate —. ¿Estás segura?
    Sí. Yo estaré con Laura viendo una peli en mi habitación.
    No la vi muy convencida, y una parte de mí aun estaba cuestionándose si era correcto dejar que se cogieran a mi hija en mi propia casa, pero no podía retirar mis palabras. Y tampoco estaba dispuesta a dejar que ese tal Axel se la llevara a un motel o a otra casa donde haría quien sabe qué otra cosa. El sexo no era malo. Si Kim quería experimentarlo, que lo hiciera de todas las formas que pudiera. Era mejor que verla drogándose o emborrachándose.



    Estaba en la cocina preparando palomitas de maíz para ver la película con Laura. La razón de estar con mi pequeña era que su cuarto estaba al lado del de Kim, y no quería arriesgarme a que mi hija quedara traumatizada al oír los gemidos de su hermana.
    Al dirigirme a mi cuarto pasé por el de Kim y pegué el oído para ver si por casualidad escuchaba algo. Oía palabras ahogadas y una música suave. Eso me hizo creer que al menos estaban teniendo algo de juego previo. Luego, imaginar a Kim siento cogida me hizo darme cuenta de que a mí de verdad me faltaba un hombre. Necesitaba una verga pronto o me iba a oxidar. Consideré salir a una cita rápida, pero luego vi a Laura y supe que no podía darle ese ejemplo a mi hija. Claro, Laura no tenía que saber que me iba a enrollar con un hombre.
    Vamos, la película va a empezar —dijo Laura.



    Entramos a mi alcoba y Laura se apresuró a encender el aire acondicionado. Esa noche había un calor del demonio y sólo mi habitación y la de Kim tenían un sistema para volver el infierno de la casa a un precioso paraíso frío.
    Me tiré en la cama y estiré brazos y piernas. Laura salió un momento y cuando volvió, vestía con la bata de seda que le había confeccionado, y que según su hermana, era sexy para su edad.
    Hasta no haber sido testigo de lo que sucedía entre Lorena y Holy no me había pasado por la mente que una niña de doce años podía ser sexy, pero cuando contemplé a mi Laura, sentí un calorcito en las mejillas.
    La bata de seda era transparente. Mostraba la totalidad de sus piernas torneadas y sus pantys negras con bordes de encaje. Llevaba el pelo húmedo, por lo que mechones rubios se le pegaban a las blancas mejillas.
    Se subió a la cama y se acomodó a mi lado. Dios, pensé, haberla metido un año a clases de fútbol soccer le hizo bien, pues había adquirido un cuerpo muy bien proporcionado para su edad.
    Veía la película pero no le prestaba atención. Pensaba en Kim, que estaba a un par de habitaciones de la mía. Había pasado casi media hora desde que la dejé subir, y de nuevo vinieron a mí las imágenes de Axel dándole de todo a mi hija.
    Aquellas ideas empezaron a molestarme. Salí del cuarto para ir a la cocina, y al pasar por el cuarto de Kim, volví a pegar la oreja. Esperé unos momentos mientras mi oído se ajustaba y filtraba los sonidos de la música, y fue cuando oí algo así como “¡Oh, más, más!” y una sucesión de gemidos.
    De inmediato se me ruborizó la cara. Me agaché y traté de mirar por debajo de la puerta. Apenas podía ver el colchón de la cama temblando. Tragué saliva y mejor me aparté de allí antes de que mi mente desviara en pensamientos que no eran precisamente saludables, y volví al cuarto.
    ¿Qué pasa? —me preguntó Laura —. Tú cara está roja.
    No es nada, amor. Sólo… mami tiene calor. Emm… espérame. Vuelvo enseguida.
    Salí y regresé a la habitación de Kim. Me sentía emocionada, una combinación de peligro y algo de excitación. Miré por debajo de la puerta. Vi los pies de Axel, que se movían apenas. Estaba parado junto a la cama. No parecía estar penetrando nada, así que supe que la verga de ese tipo estaba en la boca de mi hija.
    Dame tu leche. Déjame tragarla —dijo Kim claramente.
    Muérdeme los huevos… oh sí… sí. Aquí viene… abre la boca.
    Por los espasmos concluí que Axel estaba llenando la boca de Kim con su semen. Me imaginé esa leche deliciosa goteando de las comisuras de los labios de mi hija… Eso fue suficiente. Con el pecho alborotado corrí a mi cuarto.
    ¿Mamá? ¿qué pasa? —Me preguntó Laura mientras me veía sacar una cajita de debajo de mi cama.
    Nada, princesa. Mamá tiene que ir al baño. Quédate aquí y me cuentas ¿sí?
    Me llevé la caja al baño. Puse seguro a la puerta. Abrí la caja y saqué mi dildo vibrador. No sabía si lo que iba a hacer estaba del todo mal, pero en ese momento mi cuerpo pedía a gritos el placer. Totalmente desnuda me acosté en la bañera y con las piernas completamente abiertas. Le puse una capa de lubricante al dildo y tras encenderlo, decidí dejar que mi imaginación fluyera con las imágenes de Axel cogiéndose a mi hija y a mí.
    Genial. Ahora estaba en serios problemas…

    ****

    Ay que esta mamá... jajaj cada vez más excitada. Perdón si vamos lento, pero de poco a poco nos vamos calentando
    un saludo, comenten si gustan

  2. Thanks netocruzgr, joselitoluis1, el gozon Ha dado Gracias por este Post
  3. #2
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    Predeterminado Re: Las niñas de mamá capítulos 3 y 4

    Excelente.. solo resta esperar a que se caliente mas... felicidades mas impecablemente

  4. Thanks Teffy96 Ha dado Gracias por este Post
  5. #3
    Pajillero joselitoluis1 va por un camino distinguido
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    Predeterminado Re: Las niñas de mamá capítulos 3 y 4

    Muy bueno y excitante, algo diferente siempre es mejor. Espero continuación

  6. Thanks Teffy96 Ha dado Gracias por este Post
  7. #4
    Virgen Teffy96 va por un camino distinguido
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    Predeterminado Re: Las niñas de mamá capítulos 3 y 4

    jja,a muchas gracias! espero sigan al pendiente de las actualizaciones :)

  8. #5
    Principiante OSOOM es una cantidad desconocida en este momento
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    Predeterminado Re: Las niñas de mamá capítulos 3 y 4

    Excelente zaga.... tornandose poco a poco embriagadora y seductora

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