Mi hermano es muy fiestero, y cada año les festeja el cumpleaños
a sus hijos. A mi me encanta ir a las fiestas a la casa de mi
hermano, ya que me puedo dar gusto viendo a mi cuñadita.
Siempre me he preguntado cómo le hizo mi hermano para
conseguirse ese bombón. Antes de sus embarazos estaba
más buena, pero aún así, es fecha que lo sabrosa no se le quita.

El día de la fiesta de su hija, mi cuñada estaba que se caía
de buena. Llevaba una blusita negra de tirantes y un poco
escotada. Además un shorcito de tela suavecita color negro
con dibujos de rosas. El short no era tan cortito, pero dejaba
ver las piernotas de mi cuñis. Me excitaba tanto que el short
le quedara tan pegadito ya que dejaba marcadas sus nalgotas.

Así transcurría la fiesta, bebiendo alcohol, comiendo pastel
y quemándome a mi cuñada.
Recuerdo bien cuándo ella tomó camino hacía la cocina, yo
la seguí. Cuándo llegué a la cocina, ella levantaba una gran
charola con muchas gelatinas. Era evidente el esfuerzo
sobrehumano que ella hacía por soportar el peso. De in-
mediato me acomedí. Te ayudo cuñada, le dije.
Obviamente ella accedió. Al momento de hacer el cambio
de charola hacia mis manos, no me pude contener. Estaba
tan cerca de ella, podía oler su rico perfume, su pelo largo
y alisado, su carita maquillada. No perdí la oportunidad, y
al hacer la maniobra, le di un repegón que jamás se me
va a olvidar. Fui muy obvio y es claro que ella se dio cuenta,
pero no quiso decir nada.
Yo tenía ya mi miembro erecto de tan solo estar cerca de
ella. Sentí la gloria al momento de frotarlo contra sus nalgotas.
Traté de hundirlo lo más que pude, con ganas de atravesar
prendas y zambutirme en ella. Pero solo me pude conformar
con eso, y fue suficiente para que de mi pene salieran unas
gotitas de semen.