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El sex shop a domicilio

relatoerotico1 El sex shop a domicilio

Capítulo 1. La inauguración

Desde la ventana de nuestra habitación se veían las obras.

-Cariño, ¿qué crees qué pondrán en el solar del banco?-

-No sé, ¿un chino? ¿Crees que me puedes preguntar algo así nada más acabar de hacerlo?- dijo Carlos con un ligero temblor en la voz fruto de su reciente excitación. (Continua..)

-No te enfades, amor… Ya sabes que una mujer puede atender a varias cosas a la vez y, además, hacerlas bien…je, je,- le dije asomada a la ventana mientras tapaba mi desnudez con la sábana.

 

Una semana más tarde, las obras estaban prácticamente finalizadas y se adivinaba, por el tipo de mobiliario, que iba a ser un video club o algo parecido. El cajero exterior para las cintas de alquiler era un detalle muy esclarecedor.

 

Cuando al cabo de unos días vi el cartel que estaban poniendo, me quedé perpleja: “Sex-shop Fantasía”… ¿Un sex-shop? Enseguida se lo comenté a Carlos, que pareció sorprenderse tanto como yo.

 

-Pues tenemos que ir a verlo ¿eh cariño?- le dije.

-¡Qué dices!… paso…-

-¿Por qué? Nunca he entrado en uno…-

-Bueno pues tampoco te vas a perder nada…-

-Pero, estoy intrigada… me gustaría ver éste, van a ser vecinos, ¿no?-

-Que no. No me apetece nada…-

 

Dejé por cerrada aquella conversación. Cuando Carlos se pone en plan ”burro” no hay quién le soporte. También sabía que la hipotética idea de ir por mi cuenta tampoco le iba a gustar, siendo tan celoso… como es.

 

Pasaron un par de semanas hasta que llegó la publicidad del famoso sex-shop a nuestro buzón. La verdad es que me apetecía mucho probar, curiosear… El panfleto prometía, tenía un diseño interesante, profesional y, sobre todo, un texto sugerente:

 

 

“Fantasía. A partir de ahora tu lugar de relax y diversión. Disponemos de todo lo necesario para el disfrute de los sentidos. Además de toda la gama de productos para estimular tu imaginación, ofrecemos shows en vivo, rodajes amateurs totalmente confidenciales, sala de masajes, microcine, espacio lúdico-deportivo y el exclusivo bar sensual “La sala de estar”. Además, Fantasía incluye visitas a domicilio.

Sex-shop Fantasía te invita a su fiesta de inauguración del día 8 de octubre. No te arrepentirás de integrarte en esta idea. No faltes. Ven con tu pareja o sin ella, como prefieras.”

 

Adornando la invitación aparecían diversos motivos propios de un sex-shop y varios cuerpazos de mujeres y hombres en posturas sexualmente muy insinuantes pero sin llegar a explícitas. Todo ello aumentó considerablemente mis ganas de ir y sobre todo la invitación a una fiesta en un lugar así. La excusa de la inauguración era perfecta para que Carlos cediese.

 

No voy a entrar en detalles sobre cómo conseguí eliminar las últimas reticencias de mi novio a ir a la fiesta pero el sábado por la tarde sólo pensaba en qué ropa sería la adecuada para un lugar así. ¿Muy atrevida?, bueno tampoco es que tuviese mucho atrevido dónde elegir… tal vez no era lo más adecuado para un lugar así; ¿discreta pero elegante?… buff, iba a parecer demasiado seria; ¿camiseta y vaqueros?… igual no, al fin y al cabo era sábado por la noche y me gustaba ponerme guapa cuando salía, fuese donde fuese.

 

-¿Te falta algo por poner sobre la cama?- dijo Carlos con socarrona ironía al ver mi ropa extendida esperando mi elección.

-Pues sí, listo. No sé que ponerme, ¿tú qué crees?- pregunté para saber otras cosas aparte de su decisión.

-¿No crees que tienes demasiado interés en esa….ese sex-shop? Total, es una simple tienda en la que venden cosas, ponte algo para estar cómoda, ¿no? Todavía no sé ni por qué tenemos que ir…- sentenció con desgana.

 

Por supuesto no le hice caso y al final me presenté con un ajustado y ligeramente estampado vestido de tirantes. Aunque no era demasiado corto, al andar se subía discretamente. Una cazadora fina que tapaba mis hombros. No olvidé ponerme unas sandalias con un poquito de tacón que ensalza mis piernas y las presenta más sensuales y atractivas, como a mí me gusta. Mi estatura me hace elegir cuidadosamente el calzado para no sobrepasar el 1,70 de mi novio, ya que no le gusta verse por debajo. Mi pelo rubio, corto y cuidadosamente alborotado me daba un aspecto muy juvenil a la vez que dejaba a la vista mi cuello, una de las partes que más me gusta mostrar.

 

Voy a terminar con mi descripción añadiendo que mis ojos son verdes, con un tono amable y mi cara, según Carlos, dice mucho, tiene personalidad marcada aunque no entiendo si eso es bueno o malo… a veces él es así de misterioso. He sobrepasado la treintena, que según dicen es la mejor edad y me siento muy activa, sobre todo en las temporadas que no falto al gimnasio. Vamos, se puede decir que lejos de considerarme explosiva, me veo atractiva en general. Mi pecho esta proporcionado y, a pesar de usar la 95, lo intento mantener alejado de los efectos de la gravedad, con buenos sujetadores y sobre todo con el gimnasio, al que, debido al tiempo libre que me deja mi profesión de asesora comercial, puedo acudir con frecuencia. Este efecto también se nota principalmente en mi culo e influye en las definiciones que hace Carlos de él: “Lydia, tienes un culito tan apetecible y sabroso…” Por concluir, me gusta mucho cuidarme en general: ir a la pelu; pasear; depilarme con generosidad; maquillarme lo justo, sin que se note pero que me dé ese toque elegante; colocarme algunas joyas en determinados momentos, y usar ropa interior sensual, eso sí. Pienso que hay que sacarse el mejor partido de una misma…y que si llegas a gustarte a ti,gustarás a los demás.

 

A la llegada al sex-shop nos encontramos en la puerta a los típicos hombretones de seguridad, siempre los mismos, pero con la diferencia que estaban acompañados por alguien que saludaba a todo el mundo de forma cordial y efusiva. A pesar de estar entre aquellos dos gigantescos hombres, el anfitrión en cuestión no parecía bajo, era ciertamente guapo y al tiempo mostraba una cara de niño malo. Yo le echaba algo más de treinta años. Sin llegar a ser un metrosexual de moda, se notaba claramente que cuidaba su aspecto. De eso me di cuenta por sus manos. Cuando un hombre las cuida, sin duda hace lo mismo con todo lo demás.

 

Todos los invitados que se iban acercando, parecían ser tratados por él con mucha confianza. Con las mujeres tenía atenciones especiales y les regalaba una rosa roja además de un ligero beso en los labios. Me quedé hipnotizada por la elegancia y ocurrencia del gesto. Ellas lo recibían con verdadera emoción.

 

Al acercarnos a la puerta, el anfitrión le estrechó la mano a Carlos.

 

-Buenas noches pareja y gracias por venir. Soy Nío, el dueño del local, pero no os conozco, ¿sois de por aquí cerca?”- preguntó sin dejar de mirar a mi novio.

-Sí, somos vecinos, ¿ves aquella ventana de allí?… pues es la nuestra. Me llamo Carlos y ella Lydia, mi novia. Ah, y puedes ahorrarte el piquito que das a todas, ¿vale?-, agregó con seriedad creyendo que me salvaba de la hoguera. Aquello me pareció que estaba fuera de lugar y en todo caso me molestó que decidiera tal cosa por mí.

-Encantado de conoceros– contestó nuestro anfitrión con una atrayente sonrisa.

-Toma, esto es para ti Lydia, pero me vas a perdonar que seas la única a la que no le dé el segundo regalo-, y estrechó mi mano mientras me ofrecía la rosa. Noté su mano cálida pero no caliente, y me trasmitió una sensación de poder al envolverme sutilmente con la otra.

 

Nos invitó a entrar asegurándonos que nos veríamos después. Me gustó su estilo. Sin duda que tenía clase a pesar de que su cara no era lo que se puede decir de un chico muy formal. Su mirada transmitía una mezcla de sensaciones que le hacían sumamente interesante. Era como el efecto que ejercen las cosas prohibidas, sabes que no debes probarlas pero a la vez te sientes profundamente atraída sin poder evitarlo.

 

-Bah, menudo payaso, ¿qué se habrá creído

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